Caleta Chome. La última ballenera

Ballenas de Niebla

Acantilados de fuerza

Ariscas plantas, muestran su frutos

Titanes en hibernación

Resistencia al viento

Caleta Chome. Santuario de la Naturaleza de Hualpén. Otoño de 2021.

Si estamos salvando empresas, ellas deberían salvar al planeta.

El Congreso de Estados Unidos (y también de varios países) tiene una oportunidad para hacer que cualquier salvataje de industria que tenga su origen en el Coronavirus dependa del cumplimiento de compromisos que permitan alcanzar los acuerdos adoptados en el pacto por el clima de París. (Por Bill Mackibben)

El siguiente texto está traducido íntegramente de esta columna: https://www.newyorker.com/news/daily-comment/if-were-bailing-out-corporations-they-should-bail-out-the-planet?utm_source

Una de las mejores posibilidades de sacar algo positivo de la pandemia originada por el Coronavirus podría estar pasando rápidamente desapercibida. A medida que la economía se deprime, las grandes empresas se encuentran a sí mismas en la necesidad de pedir asistencia al Gobierno y, en Capitol Hill, Washington D.C., el rumor de una medida de alivio financiero de medio billón de dólares trae consigo a los lobbistas de vuelta a la escena. La tarde del jueves, el senador demócrata por Rhode Island, Sheldon Whitehouse, describió la escena como “baja”, al citar a uno de los gestores de intereses: “Todos están pidiendo algo, y aquellos que no lo están haciendo, solo no lo hacen, porque no saben cómo preguntar por ello”. Whitehouse añadió: “Temo que los medioambientalistas no saben cómo preguntar, porque hasta ahora, en medio de toda esta turba, aún no hemos escuchado mucho de ellos”.

Me salvas y salvo al planeta por contrato.

Las empresas recibirán la ayuda, pero los demócratas cuentan con suficiente poder legislativo para asegurar que esa ayuda venga con, a lo menos, uno que otro condicionante. Si logran imponer ese extra con un poco de cuidado, habrán utilizado esta emergencia para ayudar a resolver la inminente crisis climática en manera que parecían inimaginables hace tan solo unos días atrás. Para aquellos que buscan el modo de dotar de legitimidad la asistencia económica para las empresas aquí, una clave: cualquiera sea el tipo de rescate, este dependerá del compromiso que adopte su respectiva industria para alcanzar las metas establecidas en el acuerdo del clima de París y de que demuestren a lo largo de los próximos meses cómo está llevándose a la práctica ese plan.

Consideremos, por decir algo, la industria aeronáutica. Obviamente, ella requiere de un alivio, incluso a pesar del hecho que una de las más grandes del mercado gastó el 96% de sus ganancias durante la década pasada recomprando acciones en vez de, por decir algo, prepararse para el futuro. A nombre de los asistentes de vuelo y pilotos y mecánicos que las aerolíneas emplean, es que corresponde recibir ese alivio. Pero cualquiera que debe vivir en un planeta que rápidamente se calienta debería también recibir algo a cambio. Y ya que, a las actuales tasas de crecimiento, para el 2050, el transporte aéreo amenaza con comerse hasta un cuarto del carbono que el mundo entero tiene para emitir, y que hay cumplir con las metas climáticas dispuestas en París, ese algo tiene que ser un cambio diametral de dirección. El viernes, algunos grupos medioambientalistas propusieron que “el Congreso debe cubrir la totalidad del ciclo de las emisiones de gas de efecto invernadero de las flotas de aerolíneas estadounidenses, manteniendo los niveles alcanzados el 2020 y las emisiones en general deben caer al menos 20% por década de ahora en adelante.” (La administración Trump hasta ahora ha eludido los llamados de la ley de aire limpio de 1970 a regular las emisiones de aeronaves.) Y las aerolíneas deberían actuar no adoptando el compromiso de plantar árboles sino quemando menos combustible – haciendo las rutas de vuelo más lógicas y diseñando aviones más eficientes.

O tomemos los bancos: si ellos quieren un rescate, deberían comprometer el fin del financiamiento de proyectos de inversión expansionistas de combustible fósil. Ellos no se ven dispuestos a contenerse – el miércoles la ONG Rainforest Action Network, con sede en San Francisco lanzó una actualización de su reporte “Banking on Climate Change”, que muestra que los cuatro mayores bancos de Estados Unidos continúan liderando el financiamiento del calentamiento global, con JPMorgan Chase habiendo traspasado, aparentemente, más de 250 billones de dólares a la industria de los combustibles fósiles desde el término de la Conferencia de las Partes de París. 

O tomemos la industria de los combustibles fósiles por sí sola. Ella ha ido en descenso desde hace ya una década, a medida que las energías renovables se quedan con la mayor parte del crecimiento de la demanda, pero la crisis del coronavirus ha golpeado el precio del petróleo. Trump prometió llenar la Reserva estratégica de petróleo “hasta el tope”, pero los taladradores querrán sin duda más. Así, como me dijo Michael Brune, el director del Sierra Club, el jueves “la industria del combustible fósil ya está en la actualidad fuertemente subsidiada por el gobierno federal, y ellos no deberían recibir bajo ningún respecto recibir otra ayuda, sea que esta sea a través de créditos de bajo interés, exención de pago de regalías, subsidios vía nuevos impuestos, o mediante el llenado de la reserva de petróleo.” Mayor ayuda debería llegarles solo si estas compañías asumen el compromiso de detener su exploración en búsqueda de nuevo petróleo, dado que los científicos del clima han dejado en claro que no podemos quemar lo que ya tenemos en nuestras reservas. 

Nada de esto es ideal. En un mundo ideal, nosotros usaríamos este momento para echar a andar rápidamente un New Deal Verde, empleando a los recientemente desempleados estadounidenses en la construcción de nuestro nuevo sistema de energía renovable y tirando las líneas de trenes de alta velocidad que ayudarían reducir la demanda de vuelos de corta distancia. Pero por ahora, aquí hay una lista de “5 principios para la aplicación de alivios y estímulos relacionados al Covid-19” a los que docenas de grupos ambientalistas han suscrito (350.org, que yo ayudé a fundar es uno de los suscritos), que ofrece una guían para tener en cuenta que “las decisiones tomadas ahora mismo modelarán nuestra sociedad por los años, si no décadas, venideras.”

No es que este tipo de condiciones no tengan precedente: luego de la crisis financiera de 2008, el presidente Barack Obama usó los rescates gubernamentales de General Motors y Chrysler para forzarlo, y por extensión al resto de la industria automotora, a aceptar estrictos nuevos estándares para el ahorro de combustible, en lo que puede haber sido el mayor golpe que dio contra el cambio climático durante su estadía en el poder. (No resulta necesario decir que la administración Trump ha trabajado duramente para destrozar este logro.) El principio es claro: tomar dinero de la sociedad significa que tú debes a la sociedad algo. No es probable que Trump y los republicanos en el Senado persigan cumplir ese principio, pero dad que los demócratas controlan la cámara de representantes ellos tendrán una voz importante en el resultado. La pregunta que los votantes con conciencia por el clima harán en los próximos años será: ¿lograste un acuerdo útil cuando tenías el poder para hacerlo?

Nuestra meta no puede ser simplemente retornar al statu quo anterior, porque esa normalidad antigua estaba conduciendo una crisis climática que eventualmente probará ser tan destructiva como una pandemia. Con solo un poco de coraje de los legisladores demócratas, podríamos estar construyendo, efectivamente, un mundo más seguro en cada uno de los frentes.


Columna de Bill McKibben, quien es uno de los fundadores de la campaña 350.org y colaborador de The New Yorker. Él escribe “The Climate Crisis”, el boletín sobre el medioambiente de The New Yorker.

Texto Traducido íntegramente por Joaquín Fuentealba

Profeta del Antropoceno: Timothy Morton.

¿Quién es Tim? es un filósofo, que según el diario The Guardian es el profeta del Antropoceno.

Tim ha escrito muchos libros en relación al cambio climático o el «ser» ecológico, desde un punto de vista filosófico y ha colaborado con muchos artistas de nuevos medios, entre ellas Björk.

Cómo llegué a él? Estaba buscando en google el típico libro de ecología de Odum, esa ecología más bien científica esa que habla de resiliencia, poblaciones, comunidades, a esa ecología me refiero. Lo encontré en mi sitio favorito de libros: bookdepository.com.

El algoritmo de bookdepository me propuso otros títulos: DARK ECOLOGY y BEING ECOLOGY, ambos de Timothy Morton. Me detuve y dije oh! hay un título bastante más pesimista que otro, entonces me tiré por el menos pesimista. Leí la reseña y enganché.

Entonces abrí youtube y encontré este enlace:

Al ver este adulto con polera manga corta y jeans conecté. Me dije “este es de los míos”.

Puse play al video, a medida que Tim hablaba y yo trataba de seguirlo, tuve que detenerme y definitivamente compré el libro.

Luego de unas semanas el libro llegó a nuestra puerta. Lo comencé a leer. Tim está muy cuerdo, pero a la vez es complejo lo que expone. Estamos en el Antropoceno, esta realidad del cambio climático se forma a partir de nuestros impactos y el efecto es una EXTINCIÓN MASIVA, es decir una 6ta extensión. Ya sabemos que los dinosaurios la sufrieron una extinción, que no fue instantánea y se prolongó por largos periodos

Algo que nos estaría pasando a nosotros, de a poco…

Las ciencia nos señala que los patrones de los ciclos climáticos están cambiando y las redes sociales, junto a los medios nos bombardean con la información de que estamos al borde del Apocalipsis, algo que Tim trata largamente en el libro.

La especie Humana ha cambiado el ecosistem global. a punta de agricultura industrializada, además de la creación de materiales (plástico sobre todo) y gases que producimos en cada nuevos producto.

Para solucionar eso ya estamos hablamos de la economía circular, un concepto bastante optimista, pero necesario por ahora (tema que da para otro post).

Según Tim ya pensar en cómo cambiar ciertas conductas te hace ser “ecológico”, es decir nos dice que nos debemos “relajar” y tratar de cambiar con pequeños esfuerzos, algo que puede resultar más fácil para personas que no son nada de ecológicas.

Para los que ya tenemos cierta conciencia, nos llama a seguir colaborando y enseñar a otros a colaborar, pero sin angustia.

Líquenes, el arte de la cooperación

Los líquenes se encuentran prácticamente en todas partes, siendo organismos pioneros en lugares desolados, componentes de la diversidad de los bosques y encontrándose incluso en las ciudades y construcciones humanas.

Esta impresionante capacidad adaptativa se hace posible al unir las capacidades individuales de diferentes organismos pertenecientes a tres reinos, tales como variedades de hongos, algas y bacterias, los cuales a través de una íntima y profunda relación de cooperación afrontan con éxito los desafíos de la vida.

Liquen de tipo Folioso. Fuente: Bastian Gygli. Montaraz

La asociación requiere un sustento mecánico donde existir. Esto lo provee normalmente un hongo (ascomycota o basidiomycota), llamado el micobionte, los cuales tienen una gran resistencia a la radiación solar y altas y bajas temperaturas, que es lo que permite a los líquenes su enorme capacidad de colonización de ambientes. El problema para el hongo es que necesita alimentarse y muchos de estos lugares no tienen sus fuentes de alimento usuales: la parasitación de otros organismos y la descomposición de materia orgánica. Este problema nos lleva al segundo componente clave de los líquenes, el llamado el ficobionte. Normalmente se trata de un alga o una bacteria autotrofas, los cuales pueden realizar fotosíntesis, produciendo alimento a partir de la luz del sol, pero cuya resiliencia ambiental es mucho más reducida que la del micobionte.

Así, micobionte y ficobionte se unen intercambiando sustento mecánico y comida, respectivamente, para general una asociación que tiene mucha más probabilidad de sobrevivir que sus componentes individuales.

Líquen de tipo Folioso. (Fuente: Bastian Gygli , Montaraz)

Estructuralmente encontramos varias formas de crecimiento. La más simple es la de los líquenes crustosos, que crecen fuertemente pegados al sustrato. Luego encontramos los del tipo folioso, donde vemos estructuras laminadas que aumentan la superficie que capta luz. Finalmente encontramos los fruticulosos, donde se han desarrollado estructuras alargas parecidas a ramas.

Detalle de estructuras de Líquenes. Fuente: Bastian Gygli. Montaraz

La reproducción puede ocurrir en conjunto, donde partes del liquen se desprende como “esporas” en estructuras pensadas para esta finalidad o bien en trozos que se desprenden por acciones mecánicas externas. También es posible que los componentes fúngicos individuales de la asociación se reproduzcan de forma independiente, para luego encontrar otro compañero.

Evolutivamente se cree que esta estrategia de vida ha aparecido en multitud de ocasiones, debido a su eficacia (Gargas et al, 1995), pero por lo menos existe desde la era devónica (Thomas et al, 1997), hace unos 400 millones de años. Hoy en día existen más de 11.000 especies de hongos que participan en asociaciones liquénicas.

Líquenes crustosos sobre roca. (fuente: Bastián Gygli, Montaraz).

La capacidad de colonización presenta una función ecológica fundamental para la salud de los ecosistemas, pues permite la entrada de materia orgánica a lugares de difícil colonización, como un escorial volcánico, donde eventualmente los líquenes pioneros favorecerán la formación de suelo. También se han usado líquenes como indicadores de calidad de aire y niveles de contaminación (Monge-Nájera et al 2002), esto debido que la mayoría de los nutrientes los obtienen del aire, siendo muy sensibles al estado de este.

Bibliografía citada:

Gargas A. et al (1996) Multiple origins of lichen symbioses in fungi suggested by SSU rDNA phylogeny. Science, Vol 268.

Thomas N. et al (1997). A Cyanolichen from the Lower Devonian Rhynie Chert. American Journal of Botany 8 (84). Pp.992–1004.

Monge-Nájera et al (2002). Twenty years of lichen cover change in a tropical habitat (Costa Rica) and its relation with air pollution. Rev. Biol. Trop. 50(1): 309-319.